lunes, 5 de enero de 2026

La sangre

La sangre como forma de vida, latido sabio, guía certera. La sangre como río que conecta lo que es con lo que debería ser, sembrando su cauce de cadáveres ingenuos, arrasando con todo lo que se interponga en su camino. La sangre tóxica y la sangre intoxicada, ebria de dudas, tambaleante vagabunda de los callejones más oscuros de la noche. La sangre periódica, manchada con la sangre de los hijos que no fueron (en parte, porque no podían ser; pero, también y, sobre todo, porque no querías que fueran). La sangre culpable, contrita, plena de efímeros propósitos de enmienda, incapaz de derramarse en sacrificio hasta que Dios no detiene la mano de Abraham. La sangre libre, que mana sin mesura, el alma abierta en canal, el cuerpo que no entiende, pero que se entrega, porque sabe que es necesario pagar la deuda que nos trajo al mundo antes de que este mundo decida cobrarse la deuda por su cuenta. Mi sangre extraña, tan rara como yo misma, desafiando las estadísticas que encarcelan nuestros actos en el redil de lo políticamente correcto. Mi sangre, tan hereje como pía, encharcando el suelo del matadero por negarse a seguir las directrices de los dueños de la granja. Mi sangre palpitando bajo las suelas de tus botas, corroyendo tus certezas, infectándote de ideas-dinamita que no sabes cómo abatir. Mi sangre mutante, convirtiendo en obsidiana todo lo que toca, conduciéndote al Infierno como único umbral posible para acceder al Paraíso. Mi sangre atragantando a los vampiros y amamantando a los recién nacidos. Tu sangre goteando lentamente de mis colmillos. ¿Víctima o verdugo? Todo depende del momento y del prisma que enfoque la escena. La luz de la sangre y la sangre de la luz. No hay más verdad que ésa.

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