jueves, 1 de julio de 2010

Marta

Los columpios están quietos. No se mueven. Permanecen paralizados por la ausencia de escandalosos y juguetones infantes capaces de imprimirles vida. Son las 6 de la mañana y Marta acaba de huir de la cama de otro hombre casado. Debería irse a casa y dormir el cansancio de las dos horas como cómplice de un nuevo adulterio, pero está aburrida de sí misma y tiene miedo de las acusaciones que su estricta, pero ignorada, conciencia le escupirá a la cara en cuanto se mire al espejo de su minúsculo cuarto de baño. Así que se sienta en el banco más cercano y se deja hipnotizar por los brillantes colores de los columpios inertes y se acuerda de cuando ella era niña e inocente y lo único que le robaba a las otras féminas era el turno para montar en los columpios del patio del colegio o del parque más cercano. Y ya no sabe si es una ladrona o una puta o, simplemente, una comunista incapaz de encontrarle sentido al derecho de propiedad.

1 comentario:

Susana dijo...

¡Ay los hombres!

Por una cosa o por otra un quebradero de cabeza constante...

¡Besitos guapa!