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martes, 31 de marzo de 2009

Historia de una lágrima

Sabe que ha llegado el momento de nacer, de vivir su efímera existencia, de enfrentarse al mundo y liberar el dolor que le atenaza el pecho y le impide respirar. Pero, por un instante, por uno, dos, quizás tres segundos, duda y recula. Sabe de sobra que Él no merece la pena y que debería retrasar el momento de su inmolación, pero Sus palabras son punzones puntiagudos que asesinan antes de que la herida comience a sangrar. Puede que sólo ella se atreva a salir al exterior o puede que algunas de sus hermanas gemelas decidan acompañarla. No le importa. No quiere seguir resistiéndose a la fuerza de la gravedad. Así que se deja ir y, aisladamente y sin ningún tipo de compañía, acaricia la encendida y furiosa mejilla de su dueña y lava todo rastro de un primer amor implacablemente cruel. Y se estrella contra el suelo, estallando en una lluvia de minúsculas gotas que salpican la acera y se integran en el aire contaminado de la gris ciudad. Y desaparece de un mundo que nunca comprendió del todo. Y, justo un momento antes de extinguirse, se da cuenta de lo equivocado que estaba Bécquer y comprende que, a pesar de ser agua, ella nunca llegará a fundirse con el inconstante e infinito mar; aunque, quizá, acabe donde el amor que se olvida o, simplemente, donde habite el olvido, justo al lado de la tumba de Luis Cernuda.

Crepúsculo

martes, 24 de marzo de 2009

Persecución

Tus palabras se expanden en mi cerebro.
Tus requiebros golpean las almenas de mis murallas.
No sé cuánto más podré aguantar, pero continúo resistiendo las embestidas de tus amorosos susurros.
Tensas el arco, apuntas y te preparas para efectuar el disparo mortal.
Nuestras miradas se cruzan sin mezclarse y me doy cuenta de que sólo deseo huir de ti.
Cupido hizo mal su trabajo, obligándote a fijarte en mí cuando yo nunca me acuerdo de ti.
Y, un segundo antes de que dispares, echo a correr como alma que lleva el diablo.
Atravieso verdes prados a la velocidad de la luz.
Las esquinas de mis ojos almendrados captan las sombras borrosas de árboles de nombres desconocidos.
Pero tú me persigues velozmente y, por más que lo intento, no consigo despegarme de tu insistencia.
Casi me rozas con tus dedos, mientras siento tu aliento de nuez en mi nuca.
Esquivo tu zarpazo y, con un inesperado quiebro de cadera, giro a la izquierda, en lugar de a la derecha.
Caes ante la brusquedad de mi cambio de rumbo, pero te rehaces rápidamente y continúas la persecución de tu sueño imposible.
El rocío de la mañana lava los arañazos de mis pies.
Casi no puedo respirar, pero continúo corriendo.
Sé que no podré dejarte atrás, pero no pienso dejarme atrapar.
Sólo espero que los dioses tengan piedad de mí.
Sólo quiero convertirme en laurel antes de que puedas tocarme.
Pero echar raíces nunca se me dio bien.
Y yo no soy una segunda Dafne.
Ni tú un nuevo Apolo.
Así que me rindo y me dejo atrapar.
Y como una ninfa vulgar en los brazos de cualquier fauno sé que no podré escapar de la cárcel de tu abrazo ni del anclaje de tus besos.

domingo, 22 de marzo de 2009

Frío

Y cuando los rayos de sol no son capaces de calentar la fría habitación se hace necesario encender la calefacción.

Mi canción del día



Imagino que no es muy normal tocar una canción de un disco de caras B en un concierto multitudinario, pero me habría encantado oírla en directo esta noche.

martes, 17 de marzo de 2009

Retrato

Historias sin cerrar y heridas que no comienzan a sangrar.

Granos de arroz al rojo vivo, que se incrustan en la piel, horadando su superficie, marcando la epidermis con el tatuaje de un error incorregible.

Tumbos en el pasillo de tu indiferencia.

Ecos lejanos de carcajadas ignoradas.

Palabras que callan y silencios que gritan.

Hervidero de ideas irracionales.

Sol brillante, que alumbra y deslumbra, que hiere la retina, que ciega y confunde, que dificulta el camino y que convierte en astros incandescentes las siluetas de desconocidos que colisionan en las calles de la gran ciudad.

Boca pastosa. Labios resecos. Sed diabética.

Miradas desenfocadas y difusas, escondidas tras los cristales de gafas cuadradas. Miradas miopes, incapaces de captar la esencia de tu alma retorcida y atormentada.

Sonrisas traviesas e inocentes, rellenadas por dientes apelotonados, que luchan por un espacio inexistente. Dientes torcidos sostenidos por rosadas encías retraídas. Dientes grises que muerden las cuerdas que aprisionan el miedo de volverte a ver.

Choque de esmaltes desgastados por dentelladas no buscadas.

Barbas despobladas que hacen cosquillas al mecerse en las pálidas mejillas de infantiles muñecas de porcelana.

Uñas mordidas, fagocitadas, a veces tragadas con fruición y otras escupidas con desdén.

Venas exaltadas, troqueladas sobre manos fuertes y firmes, trepando hasta unos dedos Chopinianos que pulsan los resortes ocultos de un cuerpo inexplorado, desmadejado e indefenso, que yace mansamente sobre la llanura inabarcable de una cama de matrimonio desconocida.

Despertares accidentados. Carreras a destiempo. Caídas sin zancadillas ni socabones en la acera. Esguinces mal curados. Tobillos que crujen al trazar círculos inestables en el aire. Rodillas que tiemblan ante el avance de lo inevitable. Lúgubres quejidos. Gemidos entrecortados. Dolor lacerante. Placer inquietante. Colores radiantes. Calor sofocante. Corazón galopante.

Olor a hierba recién cortada, a césped empapado, a tierra henchida de flores no arrancadas.

Retrato de ecos audibles procedentes de otras vidas, cuadro de sensaciones esbozadas, ensueño de amores imposibles, historias interminables que deben ser contadas en otro momento y en otro lugar.

domingo, 15 de marzo de 2009

Flores

- No puedes seguir encerrada eternamente. Te marchitarás rápidamente.
- Mejor flor marchita que abrasada por el sol.

jueves, 12 de marzo de 2009

Mi canción del día



Porque crecen las historias debajo de un colchón.

Porque si quieres me quedaré callada hasta que vuelvas.

Porque no trato de convencerte de que es mejor así.

Porque tan sólo quiero saber que no voy a volver a hacerte daño.

Porque necesito urgentemente unos zapatos rojos que hagan juego con mis uñas.

Manchas

Manchada de untuosas mentiras de alquitrán, Blanca busca desesperadamente la forma de abrillantar su maltrecha reputación. Piensa, repiensa y vuelve a pensar, pero pronto comprende que hay manchas indelebles que ni siquiera se pueden camuflar. Y, en un alarde napoleónico, urde un plan para reconquistar el mundo y recuperar su título de emperatriz de las pasarelas. Y, atropelladamente, se abalanza sobre el teléfono y marca el número de una de tantas periodistas sin escrúpulos que no dudaron en abrir la caja de Pandora que puso su carrera de modelo contra las cuerdas y a borde del KO. Y, antes de darse cuenta, se convierte en la niña del exorcista y vomita la masa verde y grumosa de los secretos mejor guardados de Alexia. Y, después de colgar el arma del delito, por un instante, tan sólo un microsegundo, se arrepiente de su cruel crimen. Pero el instinto de supervivencia pronto gana la batalla y soterra la culpabilidad católica que la amenaza. Y sin ningún tipo de remordimiento por el asesinato social y profesional de la escuálida pero bella modelo, feliz y segura de su victoria, se recuesta en el sofá y se dispone a ver un insulso programa del corazón. Y eso que no tiene ni idea de que fue su supuesta amiga y principal rival la víbora que envenenó su intachable honor.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Luna llena

Luna llena.

Festival de hombres lobo.

Balas de plata que no alcanzan su objetivo.

Hemorragias amazónicas.

Sangre roja, sangre azul, sangre añil.

Gotas de hemoglobina que salpican el suelo y empapan las sábanas recién lavadas.

Aullidos de perros que cantan a la luna y que huelen el miedo esquizofrénico de la noche urbana.

Impulsos descontrolados.

Baños de espuma a medianoche.

Beethoven aprehendiendo un rayo plateado en el claro del bosque más frondoso y oscuro de un país de cuento de hadas.

Valses giratorios que marean y embriagan, que aturden y embelesan, que reaniman los corazones paralizados por la escarcha matutina.

Diana esperando a Apolo, buscándolo, soñándolo.

Necesidad de un nuevo eclipse que todo lo nuble.

28 días para cuadrar el círculo.

Lágrimas de nácar, bandejas de oro blanco, espejos tranparentes.

Batallas perdidas y derrotas aceptadas.

Demonios desatados que buscan sangre fresca.

Sangre roja, sangre azul, sangre añil, que todo lo tiñe, que todo lo empapa, que todo lo puede.

lunes, 9 de marzo de 2009

Barro

- ¿Qué esperabas encontrar en el medio de un lodazal?

- Sólo una canción de amor. Algo capaz de partirme el corazón en dos.

True Blood

A esto, entre otras muchas cosas, me dedico últimamente:



Definitivamente, Alan Ball es un puto genio.

domingo, 8 de marzo de 2009

¿Milagros?

- Hace tiempo que dejé de creer en los milagros.

- Y, sin embargo, sigues apostando por el más débil.

- Que David sea capaz de tumbar a Goliat no es un milagro, sino un hecho histórico, el triunfo de la astucia sobre la fuerza bruta, la magnificencia de una piedra bien disparada.

martes, 3 de marzo de 2009

Lo que el viento se llevó

Volví a recordarte justo antes de terminar de olvidarte y, desde entonces, soy incapaz de extirparte de mi mente.

Puede que necesite que un borracho Rhett Butler me aplaste el cráneo lo mismo que si fuera una nuez.

Tal vez necesite a alquien a quien no pueda rechazar esta noche.

lunes, 2 de marzo de 2009

Sueños e invenciones

- No sé por qué, pero tengo la sensación de que ya te conozco.

- ¡Quién sabe! A lo mejor me soñaste en alguna noche de invierno para calentar tu helado corazón. O puede que yo te inventara.