miércoles, 17 de febrero de 2010

17 de febrero



Hoy es el cumpleaños de Michael Jordan y de Valentino Rossi.

El primero consiguió que me enganchara a la NBA y me demostró, una y otra vez, que el ser humano, cuando se lo propone, no conoce límites. Supongo que casi todo el mundo se quedará con los 63 puntos en el famoso partido de playoffs contra los Celtics de Larry Bird, con los 6 anillos o con los mates desafiando la ley de la gravedad. A mí me conquistó cuando le pasó el balón a Steve Kerr para que se jugara el triple decisivo para ganar su quinto campeonato. El día que Bryant haga algo así admitiré algún tipo de comparación con Dios disfrazado de jugador de baloncesto.

De Valentino es que no sabría qué decir. No me aficioné al motociclismo gracias a él, sino por Pedrosa; pero no me enamoré realmente de las dos ruedas hasta que no descubrí a Rossi. Se ha hablado tanto de él que nada nuevo puedo aportar. Supongo que su adelantamiento a Stoner en pleno Sacacorchos en la temporada 2008 resume perfectamente la esencia de Il Dottore. Él, al contrario que Jordan, no es perfecto, es humano, comete fallos, se equivoca y se cae. Perdió dos campeonatos del mundo seguidos, uno de ellos por una inoportuna caída en la decisiva y última carrera de la temporada en el Ricardo Tormo. Dicen que está viejo, que ya no corre como antes, que le falta motivación y que su sueño es competir en la Fórmula 1. ¡Pamplinas! Si tiene que volver a inventarse un adelantamiento imposible en uno de los sitios más comprometidos de todos los circuitos, lo volverá a hacer. Puede que lo consiga, como en Laguna Seca, o puede que se caiga, como hizo tantas veces en 2008; pero, seamos sinceros, Vale tiene estilo incluso para perder y es que cuando un tío besa el asfalto porque ha intentado pasar a un chaval casi 10 años más joven que él y con una moto técnicamente mejor, ¿a quién no le apetece levantarse de su asiento y gritar ¡olé tus huevos!?

En cualquier caso, hoy es un día grande, paridor de genios, tanto en el deporte como en la vida, de tíos que dan espectáculo casi sin proponérselo, de valientes jugadores de póker capaces de minar la moral del contrario con una sola mirada y media sonrisa, de magos que sacan conejos blancos de sus chisteras sin que seas capaz de adivinar el truco, de tíos únicos e irrepetibles.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

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