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lunes, 31 de marzo de 2008

Esperas en el viejo pinar



Ya no te esperaré sentada en el viejo pinar.

Estoy harta de esperas, así que echaré a andar.

Y recorriendo tortuosos caminos llegaré hasta la orilla del mar.

Y buscaré algún barco con el que poder navegar.

Siempre guiada por la rutilante estrella polar.

Saldré en busca de mi destino, sin importarme un comino no conocer el camino.

Y si me pierdo, búscame en el corazón que grabé en aquel alto pino.

Y si me pierdo, no me esperes, que estoy harta de esperas siempre en el mismo lugar.

Necesito moverme y el cielo alcanzar.

Y si no es contigo, poco importa, que estoy harta de esperas en el viejo pinar.

Dime, ¿sueñas junto conmigo poder volar, lejos, muy lejos del viejo pinar?

domingo, 30 de marzo de 2008

Sé que estás en alguna parte del mundo pensando en mí mientras yo pienso en ti, por muy imposible que parezca.
Ayer se me metió una de tus canciones. No sé por qué. Ni siquiera es mi favorita.
Otra vez escribo tonterías sin sentido porque no me quiero acostar sin hablar contigo.
Dicen que uno es esclavo de sus palabras. Yo creo que lo único que nos esclaviza es aquello que callamos.

Adicta

He estado a punto de caer.

He estado a punto de volverte a ver.

He estado a punto de volverte a escuchar.

He estado a punto de volverte a besar.

Lo malo de una adicción es que el adicto nunca quiere abandonarla.

Lo malo de una adicción es que no puedes controlarla.

Lo malo de una adicción es que siempre existe la posibilidad de volver a caer.

Y sé que lo haré.

Te odio

Te odio porque te quiero.

Te odio porque dependo de ti.

Te odio porque te espero.

Te odio porque no estás aquí.

Y odio estar plagiando a un chaval del instituto de mi padre, pero es que sus palabras son perfectas para expresar lo que siento por ti.

Marta

En un rincón apartado de su pequeño apartamento, Marta encontró el pendiente perdido. ¿Cuánto tiempo llevaría allí? Mejor no pensar en ello. Normalmente éste habría sido un acontecimiento feliz, pero ese día Marta estaba triste y sólo quería llorar. Finalmente, después de dos años y tres meses de relación, él había acabado dejándola. ¿Por qué las amantes nunca ganaban, ni siquiera en la ficción? Se sentó en su sillón preferido y, mientras jugueteaba con el pendiente, trató sin éxito de recordar una película, un libro o una canción en los que la amante saliera triunfadora. Sí, había veces en que el marido abandonaba a su esposa; pero, incluso entonces, ella seguía siendo la mala para los hijos legítimos y para la sociedad, la intrusa, la zorra, la guarra, la rompematrimonios, la esposa de segunda...como su admirada Ana Bolena.

sábado, 29 de marzo de 2008

Orgullosa

Ayer me preguntaron si no oía la radio y yo contesté que sólo las cadenas musicales. Luego me preguntaron si leía los periódicos y contesté que no. A continuación inquirieron si veía el telediario y dije que de vez en cuando. Y, entonces llegó la pregunta clave: ¿Y con 26 años te sientes orgullosa de decir eso? Pues sí, estoy orgullosa de todo lo anterior. Estoy orgullosa de no necesitar oír una tertulia en donde me digan lo que quiero oír o lo que debo pensar. Estoy orgullosa de no comprar un periódico acorde con mi ideología política (o apolítica o antipolítica). Y también estoy orgullosa de no ver el telediario. Prefiero leer libros, ver películas, oír música, hablar con la gente y leer los teletipos de internet. Creo que así se aprende más del mundo, del hombre y de la vida que encerrándote en una visión parcial de la realidad ofrecida por el periodista de turno. Y ojo, que los periodistas son necesarios, pues la suma de sus visiones parciales hace que los historiadores puedan hacer su trabajo y arrojen alguna luz sobre cuestiones tan fundamentales como quiénes somos, de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde vamos.
Y ya puestos aclaremos algunos puntos un tanto sombríos:
- No creo en el socialismo, pero sí en la política social.
- No soy de derechas, sino de centro.
- No me gusta Zapatero ni ningún dirigente socialista.
- No me gusta Rajoy.
- Me gustaba Aznar y soy fan de Esperanza Aguirre.
- Gallardón me parece el único político respetable de este país: es un trepa y va de trepa.
- Soy racista: creo que físicamente la raza negra es superior a todas las demás e intelectualmente la raza judía le da cien mil vueltas al resto y no entiendo por qué los blancos dominan el mundo.
- Creo que el aborto es un ASESINATO y que el gobierno de turno debería preocuparse más de financiar los métodos anticonceptivos en lugar de despenalizar el aborto.
- No entiendo por qué en Andalucía dan la píldora del día de después gratis a niñas menores de edad y cómo la píldora anticonceptiva (excepto el Diane) te vale más de 10€.
- Creo que los homosexuales deberían tener los mismos derechos que las parejas heterosexuales, pero no creo que estas uniones deban ser designadas con el nombre de "matrimonio". Es sólo una cuestión de forma, pero es que las formas importan.
- Soy católica, pero antipapista. Pensé en covertirme en ortodoxa, pero me enteré de que tienen al Pope, que viene a ser lo mismo que el Papa. También me plantee lo de hacerme protestante, pero no creen en la Virgen.
- Soy una andaluza orgullosa de serlo, aunque odie las sevillanas y el vivir del cuento.
- Soy cabezota y me gusta.
- Soy egoísta y no trato de evitarlo.
- Si algún día me caso, sólo será por el vestido de princesa.
- No creo en las pedidas de mano ni en las alianzas.
- Soy una misógina que admira a las mujeres que han llegado más lejos de lo que ningún hombre se ha atrevido a llegar.
- Odio a las feministas.
- No soporto la discriminación positiva y no quiero tenerlo más fácil por ser mujer. Me gustan las dificultades.
- Tengo complejo de Peter Pan y complejo de Wendy.
- No creo que los problemas se puedan solucionar con una ley. Basta con hacer que se cumplan las leyes existentes.
- No creo en la pena de muerte, pero sí en la cadena perpetua.
- A veces soy vengantiva y otras perdono demasiado rápido.
- Creo que estamos en el mejor de los mundos posibles.
- Me gustan los cambios, aunque al principio me asusten.
- Soy muy competitiva, no me gusta perder ni a las canicas y, por eso, me gusta el deporte.
- Me gusta que el himno español no tenga letra y me encanta tararearlo cuando un deportista español gana algo.
- Estoy orgullosa de ser española y no viviría en ningún otro país sino por un corto espacio de tiempo.
- Me encanta Linares, aunque odio a los linarenses por su cortedad de miras.
- Creo que dos personas son realmente amigas cuando el silencio deja de ser incómodo entre ellos y cuando hayan superado su primera crisis.
- Creo en las almas complementarias, pero no en las almas gemelas.
- Aunque nunca lo he escuchado ni leído me cae bien Federico Jiménez Losantos, porque no tiene miedo de decir lo que piensa ni de ser un energúmeno.
- Plagiando y adaptando a Francisco Nixon, tendré novio cuando me enamore, pero no por miedo a quedarme sola.
- Creo que todo llega al que espera y tiene fe.
- Prefiero ser políticamente incorrecta a morderme la lengua por miedo a lo que puedan pensar de mí.
- Creo que ir en chándal a la uni es tan lícito como vestir de marca.
- Creo en Unamuno, en El principito y En el guardián entre el centeno.
- De vez en cuando creo en mí, aunque me agobia que la gente lo haga.
- No creo que haya que desterrar a un grupo musical o cantante sólo porque suene en Los 40 Principales. Hay música comercial que también es buena.
Y como esto me está quedando muy largo, lo dejo aquí. Si tenéis alguna duda no dudéis en preguntar.

viernes, 28 de marzo de 2008

Como la vida misma


Me paso la vida haciendo planes y, por supuesto, nada sale nunca como yo espero. A veces, vale, casi siempre, me cabreo; pero sólo al principio, porque luego siempre descubro que las cosas salen mil veces mejor de lo que mi imaginación es capaz de idear. Es más, en ocasiones descubro que la vida es como un pequeño reloj suizo en el que todos y cada uno de sus engranajes encajan a la perfección, aunque parezca imposible.
Pues bien, creo que esta película va de eso. Supongo que también es una buena comedia romántica. La verdad es que tampoco me moría de ganas de verla; pero, tal y como me ocurrió con "August Rush", era justo la película que necesitaba.
Para los cinéfilos no filosóficos existen también varias razones para ir al cine: En primer lugar, demuestra que Steve Carell es algo más que un actor cómico. En segundo lugar, sirve para redescubrir a la Juliette Binoche de "Chocolat". En tercer lugar, es una más que solvente comedia romántico-familiar. Y, en cuarto lugar, ofrece una inmejorable banda sonora, perfectamente sincronizada con las imágenes de la película, a cargo de Sondre Lerche.
Y si, a pesar de todo lo anterior, no es decidís a ir a verla, esperad a que llegue el momento oportuno para hacerlo. Y si no llega es que así tenía que ser.

jueves, 27 de marzo de 2008

Con las ganas

Me apetece escribir,pero no sé muy bien el qué.
Te echo de menos sin haberte echado de más.
Sé que hoy no hablaré contigo y también sé que no te importará, porque la tienes a ELLA, que seguirá despierta cuando yo lleve dos horas durmiendo, que sabe más de música que YO, que es demasiado ingeniosa.
Y YO me estrujaré los sesos intentando encontrar algo lo suficientemente interesante como para llamar tu atención, igual que hacía antes con ÉL.
¡Qué ironía! ¿Verdad?
Cuando tenía tu atención quería la SUYA y ahora que la he conseguido he perdido la TUYA.
¿Pensarás un poquito en mí mientras tocas?
¿Lo estás haciendo ahora?
Escucho "Say it ain't so" de Weezer pensando en ÉL, pensando en TI.
Me parece cómico, irónico, algo trágico.
Pablo ha dejado a Irene y de nuevo he comprobado cómo las mujeres siempre culpamos a otras mujeres.
Y luego me preguntan por qué soy misógina.
Quiero volar hasta TI o que TÚ trepes hasta MÍ.
Debería irme a la cama, pero quiero esperarte, aunque TÚ no me esperes a MÍ.
Y he pasado a "Denise" de Fountains of Wayne.
Y salto a Zahara, que mañana estará cerca de TI, puede que a tu lado.
Me quedo "Con las ganas".

Tiene gracia.
O quizás no.
¿Por qué el mundo es tan raro?
¿Por qué siempre me rallo con tonterías?
¿Por qué espero lo imposible?
¿Por qué busco lo improbable?
¿Por qué ÉL me lee y no comenta?
¿Por qué TÚ haces lo mismo?
¿Por qué siempre busco un por qué?
Simplemente no lo sé.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Anthony Minghella


Anthony Minghella murió el 18 de marzo de 2008 por una serie de complicaciones médicas surgidas tras su paso por el quirófano durante el tratamiento de un cáncer de amígdalas y cuello.
Esto es lo que dice la Wikipedia.
Lo que no dice la Wikipedia es que "El paciente inglés" es una de las pocas películas basadas en una novela que mejora y supera ampliamente el libro en cuestión. Y él fue tanto su director como el guionista capaz de conseguir el mencionado milagro. Por eso siento su muerte.

Mi descubrimiento del día

Definitivamente los hombres y las mujeres no somos iguales: si una tía le pone los cuernos a su novio, el chico culpa a la chica; mientras que si un tío le pone los cuernos a su novia, la chica culpa a la chica.
Primera conclusión: cuando hay cuernos de por medio, la tía siempre es la culpable.
Segunda conclusión: las tías somos una zorras cuya principal misión en la vida es robarle el novio a otras tías.
Tercera conclusión: los hombres y las mujeres tenemos una diferente visión de la vida.

Mi canción del día

Casi todos mis grandes descubrimientos musicales son inducidos por algún amigo. Por eso me emociono tanto cuando realizo un descubrimiento yo solita. Y éste es el caso de mi canción del día: "Mercy" de Duffy.

Marcos

Marcos siempre había huido del amor como de la peste. Un niño grande incapaz de comprometerse sentimentalmente con nadie, nunca había deseado formar una familia ni estar atado a una mujer. Además, ya había visto en demasiadas ocasiones los efectos secundarios de las flechas de Cupido: uno a uno sus amigos más juerguistas habían acabado pasando por el aro y se habían convertido en devotos esposos y modélicos padres, que preferían quedarse en casa cambiando pañales o ayudando a sus mujeres a fregar los platos antes que tomarse una cerveza con los amigos o ir a un buen concierto, como solían hacer antes. Él, estaba seguro, nunca llegaría a tan lamentable estado de sumisión y falta de independencia.
A sus 35 años estaba orgulloso de poder gritar a los cuatro vientos que nunca había tenido novia. Es más, nunca había quedado más de cinco veces con la misma chica. Era un soltero sin compromiso orgulloso de ello, que disfrutaba de una activa y satisfactoria vida sexual, pero sin ningún tipo de dependencia emocional.
No obstante, las cosas cambian, incluso aunque nos resistamos a ello con todas nuestras fuerzas. Y lo peor de todo es que, en ocasiones, ni siquiera somos conscientes del peligro, por lo que nos resulta imposible evitarlo.
Cuando Marcos conoció a Isobel sólo pensó que estaba muy buena y que le encantaría acostarse con ella esa misma noche. No es que fuera guapa, pero tenía su morbo. No obstante, después de media hora de charla utilizando su pícara sonrisa y sus ojos azules como principales armas de seducción se sorprendió a sí mismo pensando que esta chica era distinta a todas las demás, que tenía algo y que, más que acostarse con ella, lo que le apetecía era seguir hablando y riéndose con su sarcásticos comentarios. Así que ese sábado, por primera vez en mucho tiempo, Marcos se fue solo a la cama y se alegró de ello: lo había pasado realmente bien con Isobel y había descubierto que no era una tía para follársela (estaba claro que era una mujer excesivamente inteligente y cerebral y este tipo de féminas nunca son buenas en la cama, porque tratan de racionalizar algo que es instintivo y nunca se dejan llevar). El problema es que Marcos e Isobel comenzaron a coincidir en algunos eventos organizados por amigos comunes (bonito eufemismo para designar a una boda) y el hecho de que ambos odiaran el matrimonio y estuvieran solteros y sin compromiso contribuyó a que siempre acabaran charlando largo y tendido, lo que deterioró la activa vida sexual de nuestro protagonista, si bien siempre se acostaba con una sonrisa en los labios a pesar de tener a su mano como única compañera una vez se acababa el bodorrio de turno.
Hay enfermedades cuyos síntomas son claros e inmediatos. Otras, por el contrario, se manifiestan de manera más sutil y menos evidente. El mal que se apoderó de Marcos pertenecía a este segundo tipo.
Seis meses después de conocerla, si le hubieran preguntado si estaba enamorado de Isobel, se habría echado a reír. Vale, Isobel le caía bien; bueno, muy bien; tenían una misma forma de ver la vida, los mismos gustos musicales, literarios y cinematográficos; algunas aficiones comunes...Y sí, estaba buena y, si no la conociera, se la habría tirado con los ojos cerrados. Pero, como ya he dicho anteriormente, era excesivamente inteligente y cerebral como para tener una aventura con ella.
El problema es que Marcos estaba demasiado seguro de su inmunidad al virus del amor, de forma que ni siquiera pensó en vacunarse contra él. Tampoco fue consciente de los primeros síntomas: de cómo se ponía de buen humor al recibir una nueva invitación de boda, en lugar de compadecerse del pobre hombre al que habían cazado; de cómo ansiaba la llegada de la barra libre, para poder disfrutar de sus gratificantes conversaciones con Isobel; de cómo disfrutaba más haciéndose pajas que follándose a chicas tontas, pero apasionadas; de cómo Isobel cada día le daba más morbo; de cómo empezó a molestarse cuando veía a Isobel coquetear con algún otro invitado; de cómo especulaba cada vez con mayor frecuencia acerca de cómo sería Isobel en la cama; de cómo sus fotos preferidas eran aquéllas en las que aparecían juntos...Claro que, si Marcos hubiera sido un chico realmente inteligente, lo que debería haberlo preocupado de verdad era la manera en que le temblaban las piernas cada vez que Isobel y él se miraban fijamente a los ojos. Pero el subconsciente es sabio y estos momentos empezaron a ser evitados por Marcos, incluso de manera inconsciente. Aunque fue demasiado tarde.
El amor a primera vista no es demasiado grave. Se marcha con la misma rapidez e ímpetu con los que llega. Pero el amor verdadero, aquél que se gesta a base de pequeños momentos y detalles, ése no es tan fácil de esquivar y mucho menos de obviar.
Y, aunque Marcos era tonto de remate y un imbécil de mucho cuidado, fue lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que estaba enamorado de Isobel el día en que tuvo su primer gatillazo sólo porque el sexo puro y duro con desconocidas ya no conseguía excitarle lo suficiente.
Pero Marcos no era un cobarde y siempre se enfrentaba a sus problemas. Analizando la situación se dio cuenta de que si le confesaba a Isobel sus sentimientos lo más probable es que ella saliera corriendo. En primer lugar, porque sabía lo que ella pensaba del amor, las relaciones serias y el matrimonio. Y, en segundo lugar, porque, y esto era lo que más le asustaba, cabía la posibilidad de que sus sentimientos no se vieran correspondidos. Así que, después de mucho pensar, consideró que la mejor táctica para descubrir si Isobel sentía o no algo por él era utilizar el mecanismo de los celos. Y así fue cómo Marcos llamó a una antigua amiga del instituto y la invitó a ser su pareja oficial en la siguiente boda en la que él e Isobel coincidieron. Pero los resultados no fueron los esperados. Ella no se dignó a mirarle en toda la noche. Es más, parecía estar pasándoselo en grande en la mesa de los "solteros". Y llegó la barra libre e Isobel desapareció y, por más que Marcos preguntó, lo más que consiguió fue que un capullo al que no soportaba le dijese que creía haberla visto cogiendo un taxi después de la cena.
Ante su fracaso amoroso, el primero de toda su vida, Marcos pensó en emborracharse y olvidar, pero no le apetecía beber. Tampoco quería seguir en la boda, aunque le sabía mal abandonar tan temprano la barra libre. Así que decidió quedarse allí hasta las cuatro y algo de la mañana, hora en la que , tras consultar a su acompañante, decidió volver solo a su flamante apartamento. Sólo que esta vez no tenía ganas de sexo, si siquiera en solitario. Sólo quería dormir y olvidarse de lo que sentía por Isobel y de cómo ella había pasado de él. Pero aquella noche no consiguió su propósito y la luz del amanecer inundó su dormitorio sin que él hubiera conseguido pegar ojo.

sábado, 22 de marzo de 2008

El planeta verde y azul

Z4.0 y H2.3 eran dos jóvenes alienígenas que vivían en una galaxia muy lejana. Tenían 450 años, es decir, el equivalente a 25 años terrestres.
Cuando llegaron las vacaciones, ambos, que ya habían visto los lugares más interesantes de su planeta, decidieron viajar a otra galaxia en busca de cosas y emociones nuevas, que nunca hubieran visto o experimentado.
No tenían ni idea de qué sitio podían visitar; así que decidieron ir a la biblioteca cósmica. Tras leer muchos libros encontraron uno titulado “El planeta verde y azul”. Intrigados por el título, comenzaron a leerlo. Hablaba sobre la Tierra en el s. XVI de la Era Cristiana. Era descrita como un planeta maravilloso plagado de bellos y frondosos bosques (llenos de altos árboles) recorridos por ríos de agua pura y cristalina.
Fascinados por las maravillas descritas en este libro, totalmente desconocidas para ellos, ya que su planeta carecía de agua o vegetación, decidieron ir de vacaciones a este planeta.
Tras comprar algunos mapas interestelares y algunas otras cosas que podrían necesitar, salieron de viaje. Lo primero que hicieron al llegar a la Tierra fue tomar la apariencia de sus habitantes, llamados seres humanos. Después comenzaron a buscar los frondosos bosques y los ríos de agua cristalina.
Habían aterrizado en la ciudad de Nueva York, así que lo primero que vieron fue una gran cantidad de altísimos elementos. Aunque no eran verdes, podía tratarse de los árboles descritos en su libro. Pero, como no estaban seguros, decidieron preguntar a un transeúnte; que se echó a reír y les respondió que no, que aquellos edificios tan altos se llamaban rascacielos. Entonces le preguntaron que dónde estaba el bosque más cercano. Tras una nueva risotada les respondió que, aunque Nueva York puede considerarse una jungla, no hay ningún bosque en ella. También le preguntaron por los ríos, pero su respuesta volvió a ser negativa.
Z4.0 y H2.3 buscaron bosques y ríos durante todo el día, pero lo único que encontraron fue una gran cantidad de agua sucia, llamada mar, y unos cuantos árboles, que los humanos llamaban Central Park.
Por la noche, cansados y bastante desilusionados, decidieron volver a su planeta, a pesar de que habían planeado pasar dos semanas en la Tierra.
“El planeta verde y azul” debía de ser un libro de ciencia-ficción; aunque en la biblioteca cósmica se encontraba clasificado en el apartado de libros de viajes.

jueves, 20 de marzo de 2008

Odio la lluvia en Semana Santa


Odio la lluvia en Semana Santa, ésa que hace que los pasos se queden en el templo, la que impide que el olor del incienso llegue hasta mí, la que no deja que las bandas se paseen alegremente por las calles de mi ciudad, la que hace llorar a los costaleros por no poder llevar a su Cristo o a su Virgen después de un año de ensayos, la que me impidió ver un montón de procesiones el año pasado y la que ayer hizo que no saliera Las Siete Palabras. Pero, sobre todo, odio la lluvia del Jueves y Viernes Santo, la de los días grandes de la Pasión, la que me impide ver mis procesiones favoritas. Sólo espero que este año no tenga que odiarla más.

lunes, 17 de marzo de 2008

Plof


Plof, plof, plof, plof.

Me escondo tras tu recuerdo mientras escucho nuestra canción.

Mi estúpido vecino comienza a jugar a las canicas sin importarle que sean las 3 de la madrugada.

El grifo gotea lentamente.

Plof, plof, plof, plof.

¿Por qué no puedo dormir?

¿Por qué no puedo escaparme de ti?

El grifo gotea lentamente.

Plof, plof, plof, plof.

Me levanto airada y me dirijo al cuarto de baño.

Trato de detener el goteo constante; pero, por más que aprieto, el agua continúa encontrando su camino.

Plof, plof, plof, plof.

Y vuelvo a la cama y pulso el play de mi mini-cadena y nuestra canción vuelve a sonar una vez más; pero no logra silenciar el plof que martillea mis tímpanos.

Y las lágrimas comienzan a caer acompasadamente,

Plof, plof, plof, plof.

domingo, 16 de marzo de 2008

La primavera

Y el viento agita los árboles.

El rumor de las hojas llega hasta mí, pero no logro entender lo que dicen.

Me tumbo en la hierba y miro el cielo azul.

Dejo la mente en blanco.

Cierro los ojos, pero aún sigo viendo la luminosidad de un sol radiante.

Abro los ojos y me incorporo.

Busco a alguien a mi alrededor, pero sólo veo unas laboriosas hormigas y unos amorosos pájaros.

La primavera ha llegado al parque, pero no a mi corazón.

Quiero que llueva, quiero empaparme, pero ni una nube se atisba en el horizonte.

Así que me levanto y decido volver a casa para darme una ducha.

Sólo el agua puede lavar estos sentimientos.

El ovillo de mis miedos y dudas

Las dudas vuelven a mí y no sé cómo afrontarlas.

La ansiedad se apodera de mi pecho y me impide respirar.

Quisera saber lo que pasará mañana, pero quizás sea mejor vivir en esta incertidumbre que me envuelve.

Trato de desenredar el ovillo de mis miedos, pero no sé por dónde comenzar.

¿Algún día parará?

viernes, 14 de marzo de 2008

Versiones que mejoran el original II

Y para concluir estas dos horas de ataque compulsivo de escritura y publicación de posts, la segunda entrega de Versiones que mejoran el original.
En esta ocasión, Radiactivos con una versión de "Such great heights" de The Postal Service.



PD: Sé que la calidad no es muy buena, pero la versión es la polla.

Los grandes amores

Y como hoy estoy romántica y unamunoniana a partes iguales ahí va una frase del genial don Miguel:

"Los grandes amores tienen por fin producir grandes obras poéticas; los amores vulgares terminan en hacer hijos; los amores heroicos, en hacer poemas o cuadros o sinfonías".

Manifiesto antifeminista

Odio a las feministas. A veces pienso que es porque soy misógina. Otras porque soy machista.
En cualquier caso no entiendo por qué la liberación de la mujer consiste en beber más que los hombres, fumar más que los hombres, follar más que los hombres (o inventarte más polvos de los que se inventan los hombres) y, sobre todo, no entiendo por qué cojones tengo que quemar todos mis sujetadores. Porque esto es realmente lo que no soporto de las feministas. A mí me encantan mis sujetadores y no pienso librarme de ellos para conseguir alcanzar un supuesto nirvana. Además, ¿cómo piensan esas imbéciles que tener las tetas por el ombligo con cuarenta años va a hacer que se sientan mejor consigo mismas? Si realmente quieren librarse de la opresión masculina a la que han estado sometidas durante siglos que se quemen ellas y dejen en paz a mi ropa interior.
Y si alguien no entiende mi posible misoginia que se lea "Pequeños cuentos misóginos" de Patricia Highsmith y luego hablamos.

A sting

I would like to be with you, if you want me to be true.

I don't want to tell a lie, but if you tell me I will try.

I don't need to be a bee, but I'd love to have a sting.

Ni una maldita lágrima

Isobel hacía más de dos meses que no derramaba ni una maldita lágrima. Al principio pensó que era bueno y que significaba que no tardaría en olvidarse de Marcos. Sin embargo no pasó mucho tiempo antes de que se diera cuenta de que su pena se había transformado en odio. Odio hacia sí misma por haberse dejado atrapar por las garras del amor. Odio hacia Marcos por haberla cautivado con sus múltiples encantos. Odio hacia la zorra que salía con él. Odio hacia la gente que se casaba y que la invitaba a bodas a las que era probable que también acudiera Marcos, lo que la obligaba a inventar múltiples excusas para justificar su ausencia en tan alegres acontecimientos sociales. Y odio hacia la humanidad, así, en general. Lo malo del odio es que, a diferencia de la pena, que se te acumula en los ojos y en el corazón, lo malo del odio, como decía, es que se reconcentra en el estómago. Así que Isobel ya no lloraba, pero tenía que afrontar duras digestiones y una creciente acidez. Estos pequeños, pero sumamente molestos, problemas físicos hacían que siempre estuviera de mal humor. Ya no le apetecía salir, ni quedar con sus amigos, ni siquiera le apetecía echar un polvo con algún desconocido. A veces pensaba en emborracharse, pero en cuanto se tomaba un par de copas acababa vomitando. Sus problemas estomacales amargaban su existencia y la obligaban a comer cada vez menos. Esto la llevó a perder cinco kilos en tres semanas, con lo que su aspecto físico empezaba a dejar mucho que desear. Sus piernas, antes fuertes y bien torneadas, semejaban dos palillos a punto de partirse por la mitad. Sus brazos, antes ligeramente musculosos, eran ahora puro hueso recubierto de un fino pellejo. Su culo se aplanó, al igual que sus tetas. Aunque lo peor fue el alargamiento de su cara, que nunca había sido excesivamente redondeada, dominada ahora por unos prominentes y angulosos pómulos y por dos grandes ojeras debajo de unos tristes ojos sin vida. Sí, parecía una anoréxica o un cadáver andante. Pero no le importaba. Prefería el odio a las lágrimas, porque éstas son un claro síntoma de debilidad y ella siempre se había considerado una mujer fuerte. Por eso se avergonzó tanto de aquel desmayo en mitad de la calle y más aún de que la tuvieran que hospitalizar. Pero lo que realmente hirió su autoestima fue enterarse de que tenía una úlcera sangrante. ¡Ella! ¡La fuerte! ¡La insensible! ¡La cerebral! ¡La racional! ¡Sólo los neuróticos tenían úlceras sangrantes! Y ella no era una neurótica. Intentó explicarle al sabelotodo del médico que debía tratarse de un error; pero, al parecer, las pruebas eran concluyentes. Es más, debía permanecer ingresada y su vida corría un serio peligro. Por supuesto el muy imbécil lo achacó todo a su estresante trabajo y le habló de la necesidad de cambiar de estilo de vida. ¿Había pensado en mudarse a una ciudad más pequeña y tranquila? Y bla, bla, bla, bla, bla. Pero ella hacía rato que había desconectado. Estaba demasiado ocupada convenciéndose a sí misma de que esto no tenía nada que ver con Marcos. Seguro que había algún antecedente de úlceras sangrantes en su familia. Sí, debía tratarse de algo genético y hereditario, porque ella ya no estaba enamorada de Marcos. Estaba segura, porque cuando pensaba en él...¡Dios! Un agudo pinchazo le atravesó el abdomen y la oscuridad comenzó a envolverla.

jueves, 13 de marzo de 2008

A simple old guitar

I used be your fairy tale.

I used to be your fantasy.

I used to be your everything.

I used to be your golden queen.

But now, what am I?

Just a lonesome lullaby.

Just a simple old guitar.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Óscar

Óscar es sólo un nombre, el nombre de mi primer amor, el nombre que escogí para el hijo de Ana Mari, el nombre del hermano de Carola, el nombre de uno de mis actores favoritos, el nombre de un escritor genial.

Óscar es sólo un nombre que me hace recordar la escena de la galería, la escena de la despedida, la escena de lo que pudo ser y no fue, la escena olvidada y posteriormente recordada.

martes, 11 de marzo de 2008

Mariposas en el estómago

Isobel no recordaba cómo había llegado hasta la cama, aunque tampoco importaba.
Se levantó trabajosamente e intentó evaluar los daños. Eran las siete y veinte de la tarde del domingo más amargo de su vida. Su cama estaba revuelta y el 90% de la superficie de sus sábanas aparecía ante sus ojos impregnada de una mezcla indefinida de rímmel y maquillaje. No quería ver el aspecto que presentaba su cara, pero era consciente de que tarde o temprano tendría que enfrentarse a ello. Así pues, caminó lentamente hacia el cuarto de baño y reunió el poco valor que le quedaba para mirarse en el espejo. Su rostro era similar al de cualquiera de sus odiados cuadros picassianos. Comenzó a llorar de nuevo y siguió llorando mientras intentaba borrar con abundante agua todo rastro de la noche anterior.
De repente una loca idea cruzó por su agotada mente y una sonrisa esperanzada sustituyó a los anteriores lloriqueos. Corrió hacia el teléfono y rápidamente marcó el número de Eloísa.
- ¿Sí?
- Cuando estás enamorada y estás con el chico objeto de tus desvelos siempre sientes mariposas en el estómago, ¿verdad?
- ¿Isobel?
- ¿Sí o no? Es una pregunta sencilla.
- ¿Sí? No sé. Nunca me he puesto a analizarlo.
- Pero es lógico, ¿no? Nunca he sentido mariposas en el estómago, así que no puedo estar enamorada.
- ¿Estamos hablando de alguien en concreto?
- Sí. Bueno, no. Pongamos que es un caso hipotético. Si cuando estoy con un chico que me gusta no siento mariposas en el estómago es que no estoy enamorada de él, ¿verdad?
- No necesariamente.
- ¿No necesariamente?
- Bueno, ya te digo que nunca me he puesto a analizarlo, pero creo que las mariposas en el estómago sólo aparecen en la primera etapa del enamoramiento. Al principio sí que las sentía cuando estaba con Manu, pero precisamente a medida que me fui enamorando de él las mariposas desaparecieron.
- Pero, ¿qué coño estás diciendo? Eso no tiene sentido.
- Claro que tiene sentido, Isobel. Las mariposas son sólo fruto de los nervios y de la inseguridad de los primeros momentos. Luego vas conociendo a la persona y te vas sintiendo más y más a gusto a su lado y te vas enamorando, enamorando de verdad, y pierdes el miedo a mostrarte tal y cómo eres y a que él haga lo mismo, porque empiezas a adorar incluso sus defectos. Al menos es lo que a mí me pasó con Manu. De hecho me di cuenta de que estaba enamorada de él el día en que empecé a comerme con gusto sus desastrosas lentejas.
- Bueno, pero al principio sentías las mariposas en el estómago. Yo nunca las he sentido, así que no puedo estar enamorada.
- Mira Isobel, no creo que las mariposas en el estómago sean un requisito imprescindible para estar enamorada. A ver, ¿cuándo estás con ese chico el tiempo se te pasa volando y no querrías estar en otro lugar, le ves guapo incluso cuanto tiene cara de no haber dormido en tres días, te arreglas más cuando sabes que lo vas a ver, le has contado cosas de ti que pocas personas más saben, cuando estáis callados el silencio no resulta incómodo sino perfecto...?
Isobel colgó el teléfono mientras los ojos se le arrasaban de lágrimas. Ni siquiera se despidió de Eloísa y, ante la idea de que ella pudiera volver a llamarla y seguir recitándole síntomas de esa odiada enfermedad que no deseaba tener, dejó el teléfono descolgado.
Por primera vez en su vida se sintió perdida al comprobar que había algo que escapaba de su control.
Y volvió a llorar amargamente. Y volvió a llorar incluso después de quedarse sin lágrimas que derramar.
Y lloró porque cuando estaba con Marcos el tiempo se le pasaba volando y no quería estar en ningún otro lugar. Y lloró porque lo veía igual de guapo al principio de la noche que a las seis de la mañana con varias copas de más y unas cuantas horas de sueño de menos. Y lloró porque cuando se arreglaba, incluso de manera inconsciente, pensaba en él. Y lloró porque en sus múltiples barras libres juntos le había confesado a Marcos demasiadas cosas sobre ella. Y lloró porque los silencios entre ellos eran simplemente perfectos. Pero, sobre todo, lloró porque nunca había sentido aquellas mariposas en el estómago que podrían haberla avisado de lo que estaba pasando y que podrían haberla ayudado a evitar la gran hecatombe.
Y lloró y lloró y lloró.
Y mientras lloraba sólo se acordaba de cómo le sacaba de quicio la gente que se mordía las uñas, mientras que cuando Marcos lo hacía le parecía simplemente una adorable manifestación de inseguridad.
Y lloró amargamente. Y lloró incluso después de quedarse sin lágrimas que derramar.

sábado, 8 de marzo de 2008

No one else

And no one else can explain what I felt when I saw your face.

And no one else can explain what I felt when you walked away.

And no one else can explain what I feel when you are near.

And no one else can explain what I feel when you kiss my ear.

viernes, 7 de marzo de 2008

Cobarde

Hoy me ha asaltado una repentina duda: ¿Qué significa la palabra cobarde?
Así que, bien instruida por mi madre, profesora de lengua y literatura, recurrí al diccionario para solventar mi problema y esto es lo que encontré:
Cobarde (del ant. fr. couart, de coe, cola) adj. 1. Se dice del que carece de valor o de ánimo para enfrentarse a un peligro, a una dificultad o a un esfuerzo; asimismo, se dice de sus acciones, dichos, etc: Tuvo un comportamiento cobarde. También s. m. y f. 2. Se aplica al que ataca sin dar la cara o hace daño a otro más débil. También s. m. y f. SIN. 1. Amilanado, miedica, pusilánime, gallina. 2. Traidor, alevoso.
Buena definición, aunque quizá sería conveniente especificar que cobarde es quien pega tres tiros por la espalda y sale corriendo; quien amenaza por carta o telefónicamente, sin dar la cara; quien defiende unos ideales oculto bajo una capucha negra; y quien ordena asesinar, en vez de hacerlo él mismo, sólo para que la sangre no pueda salpicarle y mancharle su bonito y caro traje. Y, ya puestos, supongo que sería conveniente incluir entre los sinónimos la palabra ETARRA.

En memoria de Isaías Carrasco. R.I.P.

jueves, 6 de marzo de 2008

Dando tumbos

Da igual cuantas vueltas dé la vida. Al final todas las personas acaban en el mismo sitio. Allí donde empezó todo.

Puedes pasarte años buscando tu destino o la esencia de tu ser y los árboles siempre te impedirán ver el bosque. Sólo tienes que parar un momento y recordar qué es lo que siempre has querido, aquéllo con lo que siempre has soñado, aquéllo que siempre te ha hecho feliz. Da igual lo tonto o absurdo que parezca. Allí es donde terminarás.

Puedes luchar contra el destino o dejarte llevar por la corriente. El final será idéntico. Sólo el camino cambiará.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Mi vídeo del día

Ayer me encontré por casualidad con este vídeo y como me moló he decidido que sea mi vídeo del día.

martes, 4 de marzo de 2008

Buying

You bought me flowers, but I didn't like them.

You bought me chocolates, but I really hated them.

You bought me everything that money can buy, but I didn't stay by your side.

domingo, 2 de marzo de 2008

El tiempo

Agotada de no hacer nada, te espero tranquilamente en el sillón de mi casa. Los minutos transcurren lentamente. Las horas vuelan. Los segundos se detienen. La esfera de mi reloj refleja el paso del tiempo, el tiempo que pasé esperándote, el tiempo que perdí sin ti y otras veces contigo, el tiempo que odié y también el tiempo que amé. Y cojo uno de mis cds de cabecera y escucho "La misma historia" una y otra vez, una y otra vez, siempre apretando el play cada vez que la voz de Nano Ortega se apaga y las notas musicales se extinguen en mis oídos.