domingo, 15 de junio de 2008

Leyre

¿Qué es lo peor que una tía puede decirle a un tío? Fácil. "Me gustas, pero sólo como amigo". "Mejor tenerla como amiga que no tenerla de nada", se empeñan en decir ellas. Mentira. Si a una chica no le gustas existe una mínima posibilidad de que algún día llegues a gustarle, pero si te ve como a un amigo no hay posibilidad alguna de que llegue a sentir algún tipo de atracción física por ti y ¿hay algo peor que saber que la tía de la que estás colgado nunca te verá como a un HOMBRE?
He tenido muchas amigas a lo largo de mi vida y siempre ha habido algún momento en el que me he planteado si eran o no algo más que una amiga. Incluso ha habido veces en que he estado tentado de liarme con alguna de ellas, porque, coño, algunas de mis amigas están muy buenas y uno no es de piedra. Afortunadamente, siempre he acabado entrando en razón antes de joder la amistad y es que las chicas nunca saben diferenciar el sexo del amor. O, mejor dicho, una mujer nunca se plantea liarse habitualmente con un chico del que no esté enamorada. Sí, ya lo sé. Hay chicas que sí lo hacen, pero nunca he sido amigo de ninguna de ellas.
El caso es que nunca me he atrevido a jugar con los sentimientos de mis amigas, más que nada porque siempre que he intentado indagar su opinión acerca de la calidad de amigos con derecho a roce ellas siempre han acabado opinando que se trata de un estado previo al noviazgo oficial.
Lo malo es que un buen día conocí a Leyre. Leyre estaba buena o, mejor dicho, muy buena. Pero era la hermana de uno de los mejores amigos de uno de mis mejores amigos, así que no podía acostarme con ella y luego dejarla tirada. El problema era que estaba demasiado buena como para ignorarla y acabé hablando con ella en plan "inocente". Craso error. No puedes hablar con una tía que está vetada o te puedes acabar colgando de ella, como me ocurrió a mí. Porque aquella noche descubrí que Leyre, además de estar buena, era una tía increíble. Se podía hablar con ella de cualquier cosa. Empezamos criticando la música del local y acabamos poniendo a caldo el sistema educativo español, eso sí, después de haber exaltado las pelis de Hitchcok, haber destripado a Fernando Alonso y repasado la vida y obra de Tolkien. A Leyre le gustaban los mismos grupos que a mí, al igual que yo consideraba que no era práctico ni humano obligar a alguien a estudiar un mínimo de cuatro años para obtener una puta licenciatura que te abra las puertas del mercado laboral español, era una fanática de la obra del director de "Los pájaros", odiaba la Fórmula 1 y el circo que se había montado en torno al famoso asturiano y era tan freak como yo. Pero no se trataba sólo de una coincidencia de gustos y opiniones. Me quedé embobado con su forma de hablar y de reírse. Tenía tantas ganas de follármela como de continuar hablando con ella toda la noche y era una sensación extraña porque, a pesar de haber tenido un par de novias y múltiples rollos, nunca había sentido lo mismo. Lo peor de todo es que para los demás fue evidente que llevaba toda la noche babeando por Leyre, pero, según me enteré después, ella no notó ningún interés especial por mi parte.
Empezamos a coincidir con cierta frecuencia y siempre acabábamos hablando y riendo juntos casi toda la noche. No sabría decir en qué momento exacto me enamoré de ella, pero lo hice y hasta las trancas. Cuanto más seria se ponía la cosa para mí, más despacio intentaba ir yo. No quería precipitarme y, sobre todo, no pensaba permitir que ella pudiera verme sólo como un rollete más que sumar a la que debía ser bastante larga lista de sus conquistas. Así que no intenté nada la primera vez que fuimos juntos al cine. Ni tampoco lo hice la segunda vez. Ni la tercera. Ni en nuestro primer café. Ni en nuestra primera comida sin amigos comunes. Ni ninguna de las veces que quedamos solos. Quería asegurarme de que cuando, por fin, pasara algo entre nosotros ella estaría tan enamorada de mí como yo de ella. Porque gustarle estaba claro que le gustaba. ¿Por qué si no iba a querer quedar conmigo con tanta frecuencia? Incluso me seguía todos los tontos tonteos que yo introducía en nuestras largas conversaciones. Sólo necesitaba asegurarme de que ella también quería algo serio.
¿Cómo pude ser tan tonto? ¿Cómo pude no darme cuenta? ¿Acaso no tonteaba también con otros amigos? ¿Acaso no me hacía comentarios acerca de lo buenos que estaban ciertos tíos? A toro pasado es cierto que siempre me trató como a un amigo más, uno de sus mejores amigos, pero nada más que eso.
Me habría gustado ver la cara de imbécil que puse cuando me enteré de que llevaba un par de semanas saliendo con Jorge. Me lo confesó en un puto Starbucks. "Me habría gustado contártelo antes, pero es que estos temas me dan mucho corte y, aunque me gusta mucho, no sé si vamos en serio o esto no va a llegar a buen puerto, porque no estoy muy segura de lo que él siente por mí...". Creo que fue más o menos ahí cuando empecé a marearme y dejé de escucharla. Simplemente no podía asimilar lo que estaba oyendo. Estuve a punto de perder los nervios y la poca cordura que alguna vez pude tener y empezar a pedirle explicaciones como hubiera hecho cualquier novio cornudo y celoso. Gracias a Dios fui capaz de controlarme a tiempo.
No sólo fui testigo del comienzo de su relación con Jorge, sino que, además, me convertí en el principal confidente de Leyre. "Contigo me resulta tan fácil hablar de estas cosas. A mis amigas no les cuento ni la mitad de lo que soy capaz de confesarte a ti". Fue como si me clavara un puñal en el pecho y luego lo retorciera sádicamente.
Y, de repente, apenas dos meses después de que comenzaran a salir oficialmente, Leyre cortó con Jorge. "Me he dado cuenta de que no estaba realmente enamorada de él" me soltó cuando le pregunté por el tema. En ese momento vi el cielo abierto y pensé que era el momento ideal para confesarle mis auténticos sentimientos. La pobre puso la misma cara que mi hermano pequeño cuando descubría que los Reyes Magos le habían dejado un jersey nuevo en vez del videojuego que había pedido: cara de asombro e incomprensión a partes iguales. Y luego el dardo envenenado, la puñalada mortal: "Carlos, tú me gustas mucho, pero sólo como amigo, siempre te he visto como tal".
¿Acaso hay algo peor que descubrir que la chica de tus sueños nunca tendrá sueños eróticos contigo?

5 comentarios:

Marta Diez dijo...

Siempre he creído que las relaciones de amistad entre un hombre y una mujer sí pueden acabar en noviazgo.

Laura dijo...

Nunca me vi en semejante situación, pero debe ser lo peor. Saludos.

PRIMAVERITIS dijo...

me gusta como escribes. se que no es un comentario muy original pero no se me ocurre otro por el momento.

xeixa dijo...

Creo que si que ahi cosas peores, peor es haber tenido y haber perdido porque es como una batalla en la que has sido derrocado, de aqui siempre puedes sacar algo positivo y es una amistad. A mi tambien me a pasado y duele, duele hasta desgarrarte por dentro y dejar de sentir pero gracias a dios pasa todo pasa y esto tambien lo hara. Suena topico, pero el tiempo todo lo cura si tu dejas que la herida cicatrice.
No me gusta dar consejos porque no te conozco. pero espero que te haya servido de algo.
Un placer haber encontrado tu blog, pasare a visitarte con tu permiso

Elena dijo...

¿Y a quién no le ha pasado eso alguna vez? vale, valeeeee... a alguien no le habrá pasado, pero colgarse de un amigo/amiga es el cuento más antiguo del mundo...
En una conocida página web, que no voy a publicitar, tu caso tiene un nombre: "pagafantas"... siempre me hizo gracia este nombre.
Es cruel, pero consuélate, porque a todo el mundo le puede pasar, y sí, en el 99% de los casos se comportan exactamente igual que tú... vamos, que a toro pasado lo ven todo claro y cristalino...
¿Me ha quedado un post muy grosero? no era mi intención, sorry ;)
En serio, que lo siento, pero que ya te darás cuenta de que no es tan grave...